miércoles, 8 de julio de 2009

Miércoles 8 de julio

Profetas de un futuro que no es nuestro

De vez en cuando, dar un paso atrás nos ayuda
a tomar una perspectiva mejor.
El Reino no sólo esta más allá de nuestros esfuerzos,
sino incluso más allá de nuestra visión.

Durante nuestra vida, sólo realizamos una minúscula parte
de esa magnífica empresa que es la obra de Dios.
Nada de lo que hacemos está acabado,
lo que significa que el Reino está siempre ante nosotros.
Ninguna declaración dice todo lo que podría decirse.
Ninguna oración puede expresar plenamente nuestra fe.
Ninguna confesión trae la perfección,
ninguna visita pastoral trae la integridad.
Ningún programa realiza la misión de la Iglesia.
En ningún esquema de metas y objetivos se incluye todo.

Esto es lo que intentamos hacer:
plantamos semillas que un día crecerán;
regamos semillas ya plantadas,
sabiendo que son promesa de futuro.

Sentamos bases que necesitarán un mayor desarrollo.
Los efectos de la levadura que proporcionamos
van más allá de nuestras posibilidades.

No podemos hacerlo todo y,
al darnos cuenta de ello, sentimos una cierta liberación.
Ella nos capacita a hacer algo, y a hacerlo muy bien.
Puede que sea incompleto, pero es un principio,
un paso en el camino,
una ocasión para que entre la gracia del Señor
y haga el resto.
Es posible que no veamos nunca los resultados finales,
pero esa es la diferencia entre
el jefe de obras y el albañil.

Somos albañiles, no jefe de obra,
ministros, no el Mesías.
Somos profetas de un futuro que no es nuestro. Amén.

Mons. Óscar Romero

Óscar Arnulfo Romero y Galdámez fue arzobispo metropolitano de El Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba misa.

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

martes, 7 de julio de 2009

Martes 7 de julio

Restauradores de muros caídos

¡Grita con toda tu fuerza, no te reprimas! Alza tu voz como trompeta. Denúnciale a mi pueblo sus rebeldías; sus pecados, a los descendientes de Jacob.

Porque día tras día me buscan, y desean conocer mis caminos, como si fueran una nación que practicara la justicia, como si no hubieran abandonado mis mandamientos. Me piden decisiones justas, y desean acercarse a mí, y hasta me reclaman: "¿Para qué ayunamos, si no lo tomas en cuenta? ¿Para qué nos afligimos, si tú no lo notas?".

Pero el día en que ustedes ayunan, hacen negocios y explotan a sus obreros. Ustedes sólo ayunan para pelear y reñir, y darse puñetazos a mansalva. Si quieren que el cielo atienda sus ruegos, ¡ayunen, pero no como ahora lo hacen! ¿Acaso el ayuno que he escogido sólo un día para que el hombre se mortifique? ¿Y sólo para que incline la cabeza como un junco, haga duelo y se cubra de ceniza? ¿A eso llaman ustedes día de ayuno y el día aceptable al SEÑOR?

El ayuno que he escogido, ¿no es más bien romper las cadenas de injusticia y desatar las correas del yugo, poner en libertad a los oprimidos y romper toda atadura? ¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no te escondas de tu hermano? (semejante)

Si así procedes, tu luz despuntará como la aurora, y tu recuperación brotará con rapidez; tu justicia te abrirá el camino, y la gloria del SEÑOR te seguirá. Llamarás, y el SEÑOR responderá; pedirás ayuda, y él dirá: "¡Aquí estoy!". Si desechas el yugo de opresión, el dedo acusador y la lengua maliciosa, si te dedicas a ayudar a los hambrientos y a saciar la necesidad del desvalido, entonces brillará tu luz en las tinieblas, y como el mediodía será tu noche.

El SEÑOR te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan. Y los tuyos reedificarán las ruinas antiguas; levantarás los cimientos de generaciones pasadas, serás llamado "reparador de muros derruidos", "restaurador de calles transitables" (
Isaías 58:1-12 )

Hay personas que piensan que la Biblia no tiene nada para decirnos con respecto a la política. Algunos opinan que la Biblia o el cristianismo justifican la explotación de los pobres y llevan a las personas al conformismo.

El capítulo 58 del profeta Isaías es un claro ejemplo de lo contrario. Este pasaje bíblico justamente nos revela el corazón de Dios hacia la injusticia social, la explotación económica en las relaciones laborales y la pobreza. Este fragmento comienza recordándonos la obligación moral que tenemos de denunciar el pecado de nuestro pueblo, o sea, denunciar aquello en lo que estamos errando. Este compromiso, también citado en otros pasajes, como el rol del centinela (Ezequiel 33) no nos permite quedarnos indiferentes ante la necesidad de nuestro hermano.

A continuación, en el versículo 2, ejemplifica a las personas que piden que Dios intervenga cuando algo malo les sucede, piden "que Dios haga justicia", cuando en lo cotidiano le dan constantemente la espalda a Él, haciendo según su propio parecer.

Muchas veces se realiza el cumplimiento de ritos religiosos como el ayuno, pero de manera incorrecta. En el versículo 3 en adelante se compara el ayuno deseado por Dios con el que no lo es. En ocasiones las personas realizan el ayuno que consiste en afligir el alma o mortificarse, hacer duelo e inclinar la cabeza, pero al mismo tiempo siguen explotando a sus obreros, haciendo negocios y peleando. A pesar de todo esto, pretenden que Dios escuche sus oraciones.

Quiero citar las palabras del rabino Guido Cohen en referencia a lo anterior cuando, en la Conferencia-debate sobre la Participación de los Creyentes en la Política expresó: "digo de la gente que va a la iglesia o va a la sinagoga y pide perdón, se confiesa, celebra todos los rituales, son muy religiosos en ese sentido, (pero) después son de lo más pagano en el lugar donde más se requiere de su religiosidad".

A diferencia de este tipo de ayuno, el que Dios propone consiste en romper las cadenas de injusticia, partir el pan con el hambriento y darles albergue a los pobres. El romper todo yugo creo que incluye el yugo de la pobreza, del hambre, de la ignorancia, del temor, de la corrupción. Continuando con el aporte de Guido Cohen, él opinó: "Cada persona que hay durmiendo en nuestras plazas es, de una manera, un acto de rebeldía contra la autoridad y contra la presencia divina en la tierra"… "Dios que en el texto bíblico nos dice: '¡Vos sos el guardián de tu hermano' que nos pregunta, nos interpela como Adán, ¡¿Dónde estás?', '¿Dónde estás?', él dice: 'No, yo me escondí, me vi desnudo y me escondí'. Bueno, no podés. No podés esconderte, porque ante la presencia de Él, que todo lo ve, que todo lo sabe, que todo lo conoce, no te cabe esconderte"…"Ya no es la pregunta si (los creyentes) debemos participar, creo que la pregunta sería ¿tenemos derecho a mantenernos indiferentes? Y la respuesta es ¡No, no tenemos derecho'".

Creo firmemente que cuando cumplimos la voluntad de nuestro Creador, ésta siempre viene acompañada de una promesa. Esta promesa la podemos encontrar a partir del versículo 8. Creo que no sería errado situar nuestro nombre al comienzo de éste versículo, ya que si cada uno de nosotros procediéramos de ésta manera, estas promesas se cumplirían en nosotros, así como también en nuestra Nación. "Argentina, si así procedes…" vendrá el cambio, la recuperación, la prosperidad y la bendición.

No debemos esperar hasta que todos estén dispuestos, el cambio comienza con uno que se dispone a ser un reparador de muros y calles destruidas, un restaurador de la Nación.

[artículo publicado originalmente en el blog de la Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte de la Coalición Cívica ]

Georgina Bruzzi de Penello Rial

Georgina Bruzzi de Penello Rial es estudiante de Trabajo Social, pertenece a la Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte de la Coalición Cívica y es miembro de la Iglesia Rey de Reyes del barrio de Belgrano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

lunes, 6 de julio de 2009

Lunes 6 de julio

La fe y la patria

La fe en Dios, que es Padre de todos los hombres, nos da la conciencia de una fraternidad universal que va más allá de los límites de una nación. Todo hombre es mi hermano es el primer principio de la moral social, por ello el respeto que debemos al inmigrante. Sin embargo, esta universalidad de la fe no excluye el concepto de pertenencia y de Patria. Por el contrario, lo fortalece. La fe tiene un anclaje en lo concreto del lugar que he nacido. La fe, si bien es un don de Dios y se dirige a él, ella se encarna, se la vive desde lo propio de cada hombre. Por ello la fe, tal cual la hemos conocido de Jesucristo, nos debe llevar a amar y a trabajar por el bien de nuestra Patria.

Jesucristo es Hijo de Dios de un modo único y personal, pero nació para nosotros de la Virgen María en un país. Era judío. Esta realidad histórica de su nacimiento no lo encerró en los límites de una nación, porque él vino para todos. Testimonio de esto es la presencia de cristianos en diversas razas y regiones del mundo. Pero este universalismo de Jesús no significaba para él no amar y tener lazos especiales de pertenencia con el pueblo judío. El Evangelio nos dice que Jesús lloró por Jerusalén, su Patria, porque la amaba, se sentía parte de ella: "Cuando estuvo cerca y vio la ciudad (de Jerusalén), se puso a llorar por ella, diciendo ¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos" (Lc. 19, 41).

Jesucristo lloró por Jerusalén, su Patria. Partiendo de este hecho, les decía el otro día a los fieles que concurrieron a la celebración de la Fiesta del Corpus Christi, después de cantar el Himno Nacional como expresión de nuestro amor de argentinos, les decía: "¿No tendríamos que llorar también nosotros por nuestra Patria, como lo hizo Jesús por Jerusalén?". Esta afirmación encierra, ciertamente, una crítica al estado actual de pobreza y marginalidad, de violencia, inseguridad y droga en que vivimos, pero también es un llamado a salir de esta situación que deteriora la dignidad del hombre y que nos tiene a los argentinos como principales responsables.

El llorar es un acto noble que nos habla de dolor, de sensibilidad y cercanía hacia aquello por lo que lloramos. Pero también es comienzo de conversión, de cambio de actitud y de compromiso para empezar algo nuevo o modificar lo que estaba equivocado. Esto supone una actitud de humildad para reconocer errores, pero también de esperanza para ver el futuro como un desafío al que nos debemos sentir llamados. Por ello, el llorar, lejos de ser un acto que nos ata al pasado o nos paraliza es, por el contrario, un principio que nos renueva y nos devuelve la alegría de nuestra identidad para emprender un camino de superación, sea en nuestra vida como en la sociedad.

Queridos amigos, que esta imagen de Jesús nos sirva para ver con ojos nuevos, tal vez purificados por el llanto, a nuestra Patria y a comprometernos con su futuro. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (27 de junio de 2009). Tomado de AICA On Line del 3 de julio de 2009.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz

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viernes, 3 de julio de 2009

Viernes 3 de julio

Religiones y espiritualidad en un mundo en crisis económica

El Papa Juan Pablo II en su Encíclica "Centesimus Annus" fechada en 1991, en la que defendía una economía de mercado menos consumista, más equitativa y más humana, se expresaba en los siguientes términos: "A menudo la gente pierde de vista el hecho que el propósito final de la vida y la sociedad humana no son ni el mercado ni el Estado".

Puede que alguno se sorprenda de que inicie mi exposición sobre el punto de vista protestante ante la actual crisis económica, citando una encíclica papal. Lo más propio sería hacerlo con una referencia a Max Weber y una defensa de las virtudes del trabajo, del esfuerzo emprendedor y del libre mercado, conceptos que hunden claramente sus raíces en el calvinismo y la cultura de la reforma sobre la libertad cristiana y la responsabilidad individual.

Sin embargo, en un contexto en el que algunos parecen empeñados en hacernos creer que la actual crisis económica, y con ella todos los males que nos aquejan no son culpa nuestra, no tienen que ver directamente con nosotros, sino que son más bien un virus capitalista que nos han contagiado desde los Estados Unidos, y que ha brotado y se ha extendido debido a una insuficiente regulación estatal, no resulta fácil defender las virtudes de la ética protestante de libre mercado.

Pienso, sin embargo, que cometen un grave error quienes se empeñan en buscar los orígenes y causas de la crisis económica exclusivamente dentro del marco de la política económica, enfrascándose después un debate estéril entre los pecados de codicia del libre mercado y las virtudes reparadoras del intervencionismo estatal; proclamando a bombo y platillo el fin del capitalismo y pidiendo a voces un nuevo y más profundo entramado de regulación económica que ponga orden en los mercados a base de imponer la honestidad por decreto Ley.

Tales afirmaciones no son más que pura demagogia política; pues la dialéctica entre capital y trabajo, ha sido superada por la historia. En todo caso, y ciñéndonos la crisis actual, la responsabilidad debería ser compartida entre financieros y políticos; pues si bien unos obraron impulsados por la ambición los otros lo consintieron movidos por intereses electorales. Resulta difícil de creer, incluso para el más neófito en temas políticos o económicos, que en las altas esferas se ignoraban los peligros del frágil entramado financiero que se estaba creando. Pero mientras las cosas funcionaban, mientras se generaban abultados beneficios, el PIB crecía, y unos se aseguraban sus bonus por un lado y los otros sus votos por el otro, todo era aceptable y tolerable. Es ahora, cuando el andamio se ha desplomado, que surgen las acusaciones, las responsabilidades y el típico pedir cabezas.

Pero las verdaderas causas de la crisis económica actual hay que buscarlas mucho más allá de los malabarismos financieros de Wall Street y la pasividad ante ellas de los respectivos institutos reguladores y gobiernos estatales. Por tanto, los planes masivos de rescate no van a ser más que parches de alivio temporal; y ni la depuración de responsabilidades, ni una mayor regulación de los mercados, van a servir para prevenir y evitar crisis futuras, si olvidamos la razones de fondo que nos ha abocado a la actual: la pérdida de valores colectivos por parte de una sociedad que habiendo aceptado como dogma de fe el relativismo filosófico, camina inmersa en una falsa visión del mundo y de la vida: la de que no existen verdades morales absolutas; que lo único importante es vivir el momento y sacar lo mejor de la vida, y que por tanto, todo vale con tal de asumir el bienestar material momentáneo. La crisis económica actual es una crisis de confianza, que ha encontrado su caldo de cultivo en una crisis de valores.

Y ese relativismo filosófico que ha impulsado esa crisis de valores, no nos engañemos, no ha salido de la cosmovisión cristiana del mundo, ni ha sido fabricada por la ética protestante. No ha sido el libre mercado el que ha forjado una sociedad consumista, egoísta, ambiciosa e injusta. Todo lo contrario. Como prueba un reciente informe elaborado por The Heritage Foundation y el Wall Street Journey, aquellos países donde hay mayor libertad de mercado y un mínimo intervencionismo estatal, son los países con una mayor renta per capita, donde hay un más alto nivel de igualdad y donde mejor se vive.

Ciertamente, el libre mercado no es un mecanismo perfecto; pero eso no desmiente el hecho de que el capitalismo, la libre empresa y el libre mercado, correctamente entendidos y aplicados, ha traído más bienestar a más personas que cualquier otro sistema económico o político a lo largo de la historia: premiando el espíritu emprendedor; incentivando el trabajo y el esfuerzo; y evitando el totalitarismo, al impedir que el control y poder económico caiga en manos de unos pocos.

El problema está en que el libre mercado se sostiene únicamente sobre la base de la honradez y la responsabilidad individual. Como nos recuerda Ralf Dahrendorf del London School of Economics: "La vida buena liberal se sustenta en la práctica de una serie de virtudes que coinciden con las clásicas virtudes cardinales (fortaleza, justicia, templanza y prudencia) y que se adaptan en su desarrollo al precio que hay que pagar por querer ser responsable de las consecuencias derivadas de la libertad". Cuando estas virtudes desaparecen, el hombre se transforma en un depredador nato y la sociedad se convierte en una jungla, solamente controlable a través de la regulación estatal y en última instancia por el totalitarismo, a costa de la pérdida de la libertad.

El propio Adam Smith entendió siempre la economía como una realidad moral en la que los seres humanos se desarrollan y actualizan como entes morales a través de acciones económicas, la transferencia voluntaria de bienes y servicios, bajo el convencimiento de que la transacción realizada es en beneficio de ambos, de lo contrario, no es voluntaria. Pero eliminado Dios de la escena, desaparecen los referentes, se esfuman los absolutos y se entra en el relativismo moral. Entonces prima la codicia personal y el sistema económico colapsa. La economía está en crisis porque el sistema de valores morales de nuestra sociedad está en crisis; y los valores están en crisis porque el cristianismo está en crisis…

Las confesiones cristianas tenemos en el siglo XXI un reto importante: unir esfuerzos y trabajar en conjunto para que nuestra sociedad occidental recupere sus raíces cristianas y los valores morales que de ella dimanan, que han sido la base de su sostenibilidad, prosperidad y progreso durante muchos años. El filósofo católico Michael Novak, del American Enterprise Institute, comentando la encíclica de Juan Pablo II que citaba al principio, se expresa al respecto en los siguientes términos: "Si las sociedades democráticas y capitalistas han de alcanzar a cumplir sus mejores promesas, necesitarán una reforma seria de sus instituciones morales y culturales –incluyendo los medios masivos de difusión, el cine, las universidades y las familias– y eso solamente es posible mediante la gracia de Dios".

La crisis económica pudiera significar un punto de inflexión en ese sentido. Y las confesiones cristianas no deberían pasar por alto semejante oportunidad.

[extraído de Religiones y espiritualidad en un mundo en crisis económica]
________________________________________
Eliseo Vila Vila, Canónigo honorario de la iglesia catedral de "El Redentor", Iglesia Española Reformada Episcopal (I.E.R.E. - Comunión anglicana). El artículo transcribe la intervención de Eliseo Vila en el contexto del ciclo de conferencias "Religiones y espiritualidad en un mundo en crisis" organizado por el Centre d'Estudis Jordi Pujol. Tomado de Lupa Protestante.

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jueves, 2 de julio de 2009

Jueves 2 de julio

El Señor Jesús y la patria

Un nuevo 25 de mayo… escarapelas y banderas, canto del Himno patrio y desfiles, recuerdos de nuestros próceres en emotivos discursos. Por cierto, no hay que olvidar las gestas históricas que dieron principio a nuestra Patria. Pero, nos quedamos ahí?

Nuestro pasado, que recordamos glorioso, no nos tiene que ocultar la realidad con sus luces y sus sombras de entonces ni distraernos de nuestro presente. En madurez cívica y en madurez de nuestra Fe Cristiana hemos de tomar conciencia de la responsabilidad personal de construir la Nación Argentina, según las posibilidades y condición de cada uno. Para los argentinos cristianos, la fiesta cívica tiene también su dimensión religiosa. No solo de plegaria sino también de compromiso político. Es hora que asumamos nuestro personal compromiso cristiano de colaborar -codo a codo con hombres y mujeres de buena voluntad- en reconstruir el tejido social de la sociedad argentina. Ni pesimistas ni optimistas. Realistas. Estamos viviendo un caos social-político: confusión-desorden-
incoherencia-desconcierto-falta de transparencia.

Cada católica/o ha de pensar como el obrero medioeval que estaba picando una piedra en la construcción de una Catedral y al preguntársele qué hacía, respondió con sencillez: "una Catedral". Cumplía con lo que le correspondía, pensando en el proyecto global. Con sabiduría de pensar la grandeza de la Patria y obrar lo que en responsabilidad le corresponda, el miembro de la Iglesia, ha de ponerse la "Patria al hombro" en feliz expresión del Cardenal Bergoglio.

Entonces la Iglesia ¿ha de "meterse en política"? Claro que sí y no será una "entrometida"
. Si no tuviera en cuenta la "política" traicionaría a Jesús y a la Patria.[1]

La dimensión política es fundamental para la convivencia humana, porque el ser humano es político. "Animal político" lo definió Aristóteles. Así lo entendió Jesús; por eso, puso en el centro de sus preocupaciones al Hombre, cuando sentenció la ley es para el hombre y no el hombre para la ley. Entregó su vida por la justicia de Dios que busca la convivencia en Paz; la concordia ciudadana como resultado del diálogo entre los que piensan distinto para lograr relaciones en igualdad de posibilidades equitativas.

Jesús con su mismo proceder orientó la mirada de sus discípulos. Orientaciones que han quedado transcriptas en la parte de la Biblia que llamamos Nuevo Testamento.

La Iglesia a través de todos sus miembros ha de buscar la convivencia humana pacífica, justa y equitativa, asumiendo criterios y actitudes de Jesús que sirvan para resolver los conflictos sociales-polí
ticos que perturban la vida ciudadana. Esto es "hacer política". La Iglesia mirando a Jesús ha de imitar, también, la estrategia de "su" política. Jesús no excluyó a ninguna persona. Dialogó hasta con los poderosos aunque se sintieran molestos y lo rechazaran. Se colocó, en forma notable y escandalosa para ciertos "poderosos", de parte de los más débiles de su época: los pobres, los sufrientes, los marginados, los oprimidos, lo deshonrados, los niños, las mujeres…

San Pablo, el gran apóstol, siguiendo apasionadamente a Jesús, denuncia la decadencia moral de la sociedad romana de su época y moviliza la Iglesia de la Roma Imperial para que los cristianos vivan valores del Reino en forma testimonial y motivadora de una nueva convivencia ciudadana. Rom.1, 1-32 / 8, 19ss. Les exige cambios socio-políticos desde las bases mostrando, como comunidad cristiana, un modo de vivir distinto al resto pagano porque están animados por el Espíritu Santo.

El caos social-político argentino es una interpelación a la conciencia ciudadana de cada miembro de la Iglesia. Es un llamado a saldar la "deuda interna" de la Iglesia Católica: la indiferencia cívica de la mayoría de sus miembros y la ausencia de valores evangélicos en la actividad política. Interpelación que motiva a los Pastores a implementar una catequesis social-política desde la iniciación sacramental y a jóvenes y adultos a integrar comunidades donde se procese el acontecer político con la Biblia. Surgirá así, una ciudadanía exigente de gobernantes probos, honestos y coherentes.

Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el Domingo de la Ascensión del Señor
(24 de mayo de 2009). Tomado de AICA On Line, 29 de mayo de 2009.

Notas
[1] La Iglesia es un cuerpo organizado. En Política un servicio prestan los Pastores y otro el laicado. Cfr. Vaticano II.-Puebla-Aparecid
a

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma (mehm@speedy.
com.ar)

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

miércoles, 1 de julio de 2009

Miércoles 1 de julio

Ética y política

…Toda sociedad se compone de un conjunto de grupos menores con dispares intereses, que se articulan y regulan unos a otros. Por lo tanto, el poder político es una exigencia ineludible, nacida de la necesidad de producir la armonía de la sociedad.

Los cristianos como individuos y la iglesia como tal forman parte de la comunidad humana. Es bueno recordarlo, porque en la práctica se han confundido los términos y muchas veces, queriendo "no ser del mundo", en concordancia con la afirmación del Señor, se ha manifestado una peligrosa tendencia a la marginalidad, porque hemos creído que "mundo" es sinónimo de "sociedad"…

Sin embargo los cristianos están en el mundo, es decir en el orden social, y aquí la palabra toma otra connotación. Se refiere la comunidad humana, a los hombres y mujeres viviendo en sociedad…

Siempre tendremos que luchar con la "tentación de la burbuja", aquella que atacó a Pedro en el monte de la transfiguración cuando, alejado de las tensiones de la sociedad, de las preguntas capciosas de los fariseos, de los ataques irónicos de los saduceos y de las presiones de la chusma, vislumbraron el resplandor de la Gloria de Dios. El Apóstol dijo: "Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías"…

Cuando, superando la tentación de la burbuja, comenzamos a correr el riesgo del contacto con la comunidad, comenzamos a hacer política en el sentido amplio del término, porque todos los que vivimos en comunidad hacemos política y la acción de la iglesia es una acción política…

El concepto de la política como una rama de la ética está tomado de Aristóteles, quien decía que era "una rama especial de la ética". Por este motivo es que la iglesia tiene la obligación de hacer oír su voz sobre los problemas espirituales y éticos que afectan a la sociedad…

Al respecto, Hans Kung dice:

Los cristianos deberían saber lo que quieren. También los no cristianos deberían saber lo que los cristianos quie¬ren. Preguntado por lo que quiere el marxismo, un marxis¬ta podrá dar, aunque hoy ya no sea del todo indiscutida, una respuesta lacónica y concluyente: la revolución mun¬dial, la dictadura del proletariado, la socialización de los medios de producción, el hombre nuevo, la sociedad sin clases. Pero el cristianismo, ¿qué quiere? La respuesta de los cristianos no pasa de ser, en no pocos aspectos, vaporosa, sentimental, genérica: el cristianismo quiere amor, justicia, hallar sentido a la vida, ser bueno y hacer el bien, humanidad... Pero, ¿no quieren tales cosas también los no cristianos?

A la luz de lo citado analicemos algunas realidades que tenemos al alcance de la mano:

1. Nuestra sociedad se debate en medio de una crisis moral. Personas que se proclaman cristianas y juran fidelidad sobre los Santos Evangelios roban, mienten y se corrompen escandalosamente.
2. En un mundo donde Dios ha provisto el potencial de subsistencia para todos y donde hay un superávit de alimentos, tenemos gravísimos problemas de hambre, desnutrición y muerte, mientras que otros viven en la opulencia.
3. Estamos viendo cómo se destruye la creación de Dios y se producen innecesarios desequilibrios ecológicos por el mal uso de la tecnología.
4. Asistimos a la justificación y promoción de conductas inmorales como la homosexualidad y el travestismo en los medios de difusión.
5. Los medios de difusión masiva se convierten en cloacas que descargan toda su infección en el mismo seno del hogar, pervirtiendo desde las costumbres hasta el vocabulario.
6. Diariamente tenemos pruebas de la perversión de la justicia, la institucionalización del soborno y el desmoronamiento de las instituciones.
7. Aproximadamente 450.000 seres humanos son abortados en Argentina cada año, mientras instituciones hipócritas hacen manifestaciones únicamente por la caza indiscriminada de ballenas o la extinción del tatú carreta.
8. Miles de personas hoy están sufriendo por la impunidad que ha protegido a terroristas y genocidas por igual, pervirtiendo la justicia en nombre del derecho.
9. Estamos viendo cómo se legisla sobre la eutanasia en países que son considerados como "desarrollados"… y podríamos seguir.

¿Como cristianos y como iglesia de Jesucristo, ¿no tenemos nada que decir frente a esto? ¿No hay ninguna advertencia, amonestación o juicio de Dios que proclamar?

Como iglesia, tenemos que tomar conciencia de que estamos viviendo tiempos donde es necesario elevar una voz profética sobre esta realidad. Así como en los momentos de crisis Dios levantaba en Israel a los profetas para que transmitieran el mensaje de advertencia, llamado al arrepentimiento y juicio, la iglesia tiene que levantar su voz haciendo oír lo que dice la Palabra de Dios sobre estas realidades…

Esto no significa que la iglesia deba enrolarse en la contienda partidista. Dentro del cuerpo de Cristo conviven personas con diferentes formas de pensar en cuanto a las cuestiones políticas, y la iglesia debe seguir siendo plural. Tenemos en común la salvación en Cristo Jesús, pero esto no significa que nuestras opiniones tengan que ser unánimes, y es peligrosísimo que pastores quieran captar votos para un candidato o partido político en la congregación abusando de su autoridad. Por lo tanto, la iglesia de Jesucristo y la predicación pastoral deben apuntar a aquellas cosas que constituyen atropellos a las leyes morales y espirituales, manteniendo el debido respeto por las autoridades, pero absteniéndose de todo compromiso partidista que afectaría la unidad en la diversidad de todo el Cuerpo de Cristo. La iglesia debe seguir siendo "columna y baluarte de la verdad". Creo, personalmente, que la iglesia del Señor debe actuar como la voz de la conciencia del cuerpo social advirtiendo, corrigiendo y amonestando.

Esto no tiene que significar que pretendemos instaurar el Reino de Dios sobre la tierra, sino que asumimos nuestra tarea de ser la voz de los que no la tienen, de ser de ayuda a los marginados, los olvidados y los desprotegidos, y de ayudar en toda causa noble que beneficie a la comunidad…

No será extraño que muchos con inquietudes políticas quieran embarcar a la Iglesia del Señor en una aventura conjunta en vista del caudal electoral que pueda representar, y esto merece una reflexión aparte.

Nadie tiene derecho a frustrar la vocación política de un hermano que sienta que puede servir al Señor en este aspecto, pero debe tener en cuenta que su participación es personal y representará únicamente a sus electores y no a la Iglesia del Señor…

Quisiera señalar dos actitudes, encontradas con la ética, que suelen ser muy comunes:

1. La de quienes quieren acceder a la política para sacar beneficio para los hermanos o la iglesia. Sobre este particular he visto volantes de publicidad dirigido a los creyentes, donde se les prometía terrenos gratuitos para iglesias y créditos preferenciales para los cristianos. Esto es una abierta inmoralidad.
2. La actitud de quienes creen que pueden acceder a la política con el único capital de su honestidad. Manejar la cosa pública necesita también eficiencia. Hay personas que son honestas, pero incapaces para la tarea. Promocionarse únicamente por la honestidad es abrir el camino para defraudar al votante…

Creo por lo expuesto que nuestro accionar tendría que ir por dos carriles diferentes. Uno, es el de la iglesia del Señor, con un ministerio profético para proclamar la verdad de Dios y fundamentado en las Sagradas Escrituras, evitando todo color partidario. El otro, es el de los hermanos que sienten vocación política y la llevan adelante a título personal, sin comprometer a todo el Cuerpo de Cristo en su acción.

Tenemos por delante tiempos muy difíciles y conflictivos. El mundo occidental se ha ido desprendiendo lentamente de todas sus raíces éticas basada en la tradición judeocristiana para lanzarse al vacío. Estamos viendo el final de un experimento único en la historia de la humanidad: Una civilización que quiere edificarse ignorando los valores absolutos. Es previsible que todo esto lleve hacia el abismo del fin.

Como Iglesia del Señor recordemos las palabras que Dios hace llegar a su pueblo por intermedio de Ezequiel en una situación extrema: "El pueblo de la tierra usaba de opresión y cometía robo, al afligido y menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho. Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé".

Necesitamos colocarnos en la brecha que se ha abierto entre nuestra sociedad y Dios, una brecha difícil y peligrosa. Una brecha en la cual se intercede ante Dios y se denuncia en el mundo. Una brecha en la que sufrieron muchos hombres del pasado en similares circunstancias. Pero nuestra responsabilidad es colocarnos en ella y asumir el protagonismo que Dios quiere de nosotros como Iglesia. Será una lucha dura pero necesaria, a la que pondrá fin el Señor en su Segunda Venida.

[Extracto del artículo "Ética y política"]

Salvador Dellutri

Salvador Dellutri es pastor de la Iglesia de la Esperanza, en San Miguel, al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires, conferencista y escritor.

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martes, 30 de junio de 2009

Martes 30 de junio

Hoy tengo un sueño

"Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial.

Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

¡Hoy tengo un sueño! Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano. Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!".


Este discurso pronunciado por Martin Luther King Jr. el 28 de agosto de 1963 en el Lincoln Memorial, Washington D.C., es un ejemplo para tomar en cuenta por los líderes políticos de nuestra nación, ampliamente aplicable a la problemática actual de la Argentina. Y aunque no sea en el aspecto específicamente de segregación racial, sí sirve para cualquier grupo de personas que ve cómo sus valores y derechos son violados por el poder de turno (en cualquiera de sus tres esferas) y pretende recuperar o lograr la justicia y el respeto lesionados.

En el discurso, MLK hizo esta dramatización del "cheque listo para cobrar" que tenemos cada ciudadano, no importa nuestro origen o credo. Se aplica a los creyentes que quieran reclamar un país con principios éticos, morales, con respeto a la familia y a la vida, sin corrupción, agresión o autoritarismo. Estos son principios que los hombres patrios de nuestra nación resaltaron en el preámbulo de la Constitución Nacional donde, al establecer las bases de la misma, invocaron a "Dios como fuente de toda razón y justicia".

Si nos preguntamos en qué momento se tiene que hacer el reclamo de justicia, ética y moral, MLK responde que ahora es el momento para que Argentina se levante de su condición y camine hacia un rumbo distinto, afianzándose como un país ejemplar en Latinoamérica, un país con democracia, república, educación, etc. Éste es el momento, no podemos esperar más. Que desde el mundo se pueda confiar en Argentina no tiene que ser una cuestión partidaria, sino una cuestión de estado.

Resulta también muy importante resaltar que este país diferente que anhelamos no se puede conseguir por medio de la violencia (hasta el día de hoy seguimos viviendo las consecuencias la sangre derramada en nuestra tierra), amargura u odio.

Por último resulta digno de resaltar la importancia del obrar de Dios que MLK sostenía respecto del cambio en Estados Unidos. En Argentina también los caminos torcidos se deben enderezar, las montañas de obstáculos se deben allanar y la gloria de Dios debe ser revelada a todos los argentinos, para encontrar el camino justo que debemos emprender.

Este es un camino de libertad, donde debemos liberarnos de las cadenas que nos detienen y para que cada argentino experimente la libertad en todos los ámbitos de su vida.

Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra. Mantendré abiertos mis ojos, y atentos mis oídos a las oraciones que se eleven en este lugar…Pero si ustedes me abandonan, y desobedecen los decretos y mandamientos que les he dado, y se apartan de mí para servir y adorar a otros dioses, los desarraigaré de la tierra que les he dado y repudiaré este templo que he consagrado en mi honor. Entonces los convertiré en el hazmerreír de todos los pueblos. Y aunque ahora este templo es imponente, llegará el día en que todo el que pase frente a él quedará asombrado y preguntará: "¿Por qué el SEÑOR ha tratado así a este país y a este templo?". Y le responderán: "Porque abandonaron al SEÑOR, Dios de sus antepasados, que los sacó de Egipto, y se echaron en los brazos de otros dioses, a los cuales adoraron y sirvieron. Por eso el SEÑOR ha dejado que les sobrevenga tanto desastre" (2 Crónicas 7:14,15,19,20).

[extraído del artículo "Hoy tengo un sueño" ]

Martín Bruzzi

Martín Bruzzi es abogado, pertenece a la Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte de la Coalición Cívica y es miembro de la Iglesia Rey de Reyes del barrio de Belgrano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

lunes, 29 de junio de 2009

Lunes 29 de junio

Cansancio patriótico

Ayer, como cientos de miles de autoridades de mesa y fiscales partidarios, tuve el privilegio de participar, junto con millones de electores de mi país, de una de las elecciones más importantes de la historia argentina. El día de ayer y la mañana de hoy reflejaron esas quince horas de servicio en lo que a mí me gustaría denominar como "cansancio patriótico".

Es que, cuando pensamos en "el corazón de la política", estas elecciones dejaron al descubierto el tipo de política que muchos predican y practican. También muestra algo más profundo todavía: el corazón de cierta clase de políticos. La convocatoria anticipada de las elecciones –contraviniendo el orden institucional en busca de una especulación egoísta– y las listas de candidatos testimoniales –que se ofrecen para cargos que no ocuparán– dejaron en evidencia el espíritu antidemocrático más profundo y cínico: usar aspectos exteriores y formales de la democracia para alterar la esencia de la práctica democrática, que es respectar la voluntad del pueblo.

De aquí surge otro tipo de "cansancio patriótico", el cansancio de la gente que empezó a rebelarse contra estas maniobras fradulentas y mezquinas. La participación de más fiscales, conscientes de que el voto no alcanza sino que hay que cuidarlo, fue un importante indicador y un gran responsable también de los resultados.

Quisiera terminar esta breve reflexión con un incidente que ocurrió el miércoles 24 de junio pasado, unos días antes de las elecciones, relatado por uno de sus participantes, la Dra. Donata Chesi:

La convocatoria circuló por cadenas de e-mails y mensajes SMS. Un grupo de vecinos con la consigna "De habitantes a ciudadanos" organizaron un breve acto público en la plaza municipal de San Isidro, con la presencia del rabino Sergio Bergman. Aquella misma plaza y el mismo orador donde hace unos meses se reunieron miles de personas clamando por justicia y seguridad. Esta vez éramos pocos (unas cien personas), pero teníamos un acompañamiento: un grupo de encapuchados munidos de grandes bombos, hacían un furioso y rítmico estruendo. Los que estábamos allí, al finalizar el discurso de los organizadores, giramos sobre nuestros talones y tarareando rítmicamente "par-ti-ci-pa-ción", enfrentamos al grupo de cobardes encapuchados y logramos que se fueran corriendo. Mi enojo por el atropello de estos grupos organizados enviados vaya a saber por quién (aunque tengo mis sospechas) pasó a ser una sensación de victoria. Pensé: "ladran Sancho, señal que cabalgamos". En ese momento, sin duda, habíamos dejado de ser habitantes para actuar como ciudadanos decididos a no dejar espacios para que los violentos, los corruptos, se apoderen de nuestros derechos.

A nadie le gusta el cansancio, pero hay cansancios buenos y productivos. El de esta mañana es muy bueno y muy productivo.

Alejandro Field

Alejandro Field es miembro de la Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte de la Coalición Cívica y uno de los conductores del programa radial "De espectadores a actores ".

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

viernes, 26 de junio de 2009

Viernes 26 de junio

Reflexiones políticas

Participación cívica

En la Argentina tenemos un sistema constitucional republicano, basado en la alternancia en el poder, la elección de los funcionarios mediante el voto, la división de los poderes y los controles sobre los poderes del Estado.

Este sistema indudablemente funciona, pero también es cierto que la cultura política de los argentinos no es completamente republicana. De hecho, a comienzos del 82 los argentinos fueron reprimidos por un gobierno militar, en el mes de marzo, y el 2 de abril se plegaron a una aventura bélica en las islas Malvinas que resultó desastrosa en vidas humanas, recursos económicos y el impacto psicológico sobre la identidad de los argentinos.

En nuestro país contamos con fuertes rasgos autoritarios y populistas inscriptos en nuestras conductas cívicas y, por otra parte, tendencias a evitar el cumplimiento de las normas, lo cual contribuye a que el sistema no funcione bien. Se trata de un círculo vicioso, porque la falta de premios y castigos trabaja en definitiva como un dispositivo pedagógico para aprender a no cumplir las normas.

Este dispositivo es una influencia ambiental que actúa sobre las personas desde que son muy jóvenes, como lo vemos con los jóvenes que matan personas con sus autos y huyen o los ciclistas que circulan por las veredas y a contramano.

En tal sentido, es importante que las personas se incorporen a la política, que reclamen derechos y lugares y que participen en forma responsable. Es necesaria una participación decidida para aumentar la calidad institucional del país y para hacer que el Estado integre mejor los intereses de las personas y los colectivos y brinde respuestas a esos intereses.

En ese espacio de participación los evangélicos tienen bastante para hacer a partir de la tradición de administración de muchas de sus congregaciones mediante asambleas, comisiones de trabajo, juntas directivas, desempeños de diversos papeles en las iglesias (algunos modestos) y códigos éticos que emanan de sus creencias religiosas.

En las congregaciones evangélicas, aunque a veces se basan en una centralidad personalista de los pastores (también afín con nuestras herencias culturales) existen espacios para la actuación de personas que fuera de las congregaciones no tienen un papel social significativo: personas que solamente participan de sus trabajos y sus familias pero no de otras organizaciones donde puedan dar opiniones y desempeñar diversos papeles en comisiones y equipos.

Los evangélicos en la política

Muchos evangélicos huyen de la política, debido en gran medida a herencias de las iglesias misioneras, que asociaban la política con "el mundo" y, obviamente, "el mundo" con "el mal". En respuesta, algunos evangélicos han querido crear clubes políticos y partidos políticos.

La experiencia muestra bien que la creación de partidos políticos confesionales es mala. En primer término, porque va contra la laicidad del Estado, que es un hecho conveniente para el mejor funcionamiento de una democracia. En segundo lugar, porque está probado que esos partidos no funcionan en escenarios como el de la Argentina.

La Democracia Cristiana, fundada por los católicos, existió por varias décadas y tuvo algunos éxitos, pero finalmente una notable decadencia. Y los intentos de crear partidos políticos evangélicos entre los años 1990 y 2001 resultaron un fracaso. Estos partidos no tienen posibilidades de éxito donde existen partidos importantes que representan los intereses de clase y la cultura de la población.

Además, los evangélicos en tal caso solamente pueden buscar votos en las congregaciones. Pero a la vez los pastores y los líderes de las federaciones lo van a impedir, porque están decididamente en contra de mezclar la política con la religión.
Creo que los evangélicos deben participar simplemente como ciudadanos y nada más que como tales, a partir de sus valores personales. Y estos valores pueden nutrirse de su condición de creyentes.

Cada individuo responsable posee un equipamiento de valores que puede tener su origen en una formulación teológica, en una filosofía, en una herencia familiar, en la herencia de un barrio y otros lugares que funcionan como usinas de la cultura. De ese modo los evangélicos pueden colaborar con el fortalecimiento de la democracia, con el fortalecimiento institucional del Estado y el sistema republicano, y a la vez poner un plus en el mantenimiento de la separación entre la iglesia y el Estado.

Me parece incorrecto y hasta pretencioso que los evangélicos quieran entrar en la política para ser "sal y luz de la tierra", lo cual significa asumir que serán el cordón que unirá al país con Dios, una especie de fuerza mesiánica, que no hace sino reforzar tendencias mesiánicas existentes en sectores de la política y en la cultura de nuestro país.

Punterismo sustitutivo

En ciertas ocasiones surgen comentarios referentes al acercamiento de políticos o funcionarios a los líderes evangélicos para ofrecerles ayudas a cambio de admitir una influencia política. Esto merece un comentario.

Aparentemente existiría una tendencia de parte del liderazgo evangélico, en ciertos niveles y situaciones o contextos, a enrolarse en intercambios prebendarios con el Estado, principalmente en los espacios institucionales de nivel municipal. Si esto efectivamente sucede en sectores populares, significa que los pastores tienden a convertirse en punteros sustitutos, tal vez guiados por la buena voluntad.

Esas prácticas irían a la inversa precisamente de una contribución al fortalecimiento de la institucionalidad del sistema político, pese a que podrían brindar beneficios para las congregaciones en forma de recursos para modestos programas sociales o de educación.

Estas conductas, si tienen lugar, contribuyen a la cooptación de personas como estrategia de maximización del poder por medio del empleo de recursos, que realmente pertenecen a la sociedad y al Estado que la representa y articula como "polis"; en definitiva, tienden a fortalecer mecanismos de concentración personalista del poder por encima de la institucionalidad.

De todos modos resulta inevitable en cualquier organización política. Es parte de la condición humana, y algunas veces inevitable, dependiendo de la presión de las circunstancias. Lo importante es aminorar sus efectos negativos.

[artículo publicado originalmente por Ecupress, usado con autorización del autor]

Hilario Wynarczyk

Hilario Wynarczyk es Doctor en Sociología, socio fundador y miembro de la Asamblea Directiva del CALIR, Consejo Argentino para la Libertad Religiosa, asesor de la Secretaría de Culto de la Cancillería 1999-2001, miembro de la Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales, RELEP, el Programa Latinoamericano de Estudios Socio-Religiosos, PROLADES, y la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur.

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jueves, 25 de junio de 2009

Jueves 25 de junio

Papás malos, estado bueno

En numerosas oportunidades hemos escuchado que "la política debe servir para resolver los problemas de la gente", tomándola como sistema que alcanza el poder para poder hacer.

No siempre es así, lamentablemente.

Distinguiendo entre aquellas acciones que son bien intencionadas y que llegan a la comunidad distorsionadas, me quiero detener en las otras, aquellas que sus mentores promueven a sabiendas que lesionarán el tejido social y degradarán la integridad de la personas. Fundados en un falso progresismo, se cometen errores irreparables.

Días pasados, de paseo por España, pude comprobar cómo el presidente del país instala un tema tan delicado como el aborto en la sociedad. El Sr. Zapatero dice que "una mujer a partir de los dieciséis años puede decidir abortar, y no necesita de la autorización de sus padres". Luego hace referencias a la autonomía que le cabe a una mujer (adolescente) a esa edad.

Verdaderamente lastimoso el planteo, cuestionable desde todo ángulo: deberes y derechos que emergen de la constitución, preceptos religiosos, etc. Lo más significativo de ello lo resumiría así: PAPÁS MALOS, ESTADO BUENO.

Qué pena, me duele el corazón…

Marcelo Pivato

Marcelo Pivato es docente, ex Director General de Educación de Gestión Privada del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires e integra la Mesa Interreligiosa Nacional de la Coalición Cívica.

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miércoles, 24 de junio de 2009

Miércoles 24 de junio

Predicar a Dios en la actividad política

La actividad política, como la familiar, la laboral, la gremial, la cooperativa, constituye una oportunidad para manifestar al Dios que nos da paz y alegría de vivir, como así también confianza en nuestra eterna felicidad y en la de nuestros seres queridos. Es una oportunidad, porque nos permite relacionarnos con personas distintas: por edad, por condición social, cultural, educativa, de creencias.

A través de esa relación, por la que se busca mejorar el bienestar general, podemos mostrar la confianza en la vida eterna a través de los desprendimientos personales. Los creyentes nos desprendemos de lo material porque estamos convencidos que eso es mínimo frente a un valor supremo como la felicidad eterna. Por eso Cristo lo demostró con su sufrimiento y muerte física y nosotros podemos demostrarlo, aunque en mucho menor medida, esforzándonos sin pretender recompensas terrenales (cargos, honores, dinero).

Podemos mostrar básicamente los valores de la dignidad (de ser hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza), del amor a todos (incluyendo a nuestros enemigos), de perdonar todas las ofensas, de comprender a los demás, de tratarlos amigablemente, de aceptarlos como son, porque sabemos que así procede Dios. La actividad política es uno de los caminos que nos permiten perfeccionarnos y perfeccionar a los demás.

Para un creyente, la política es un medio más para predicar a Dios, que es semejante a predicar el amor, entendiendo por amor la voluntad de tratar a los demás como consideramos que Dios quiere que los tratemos (con calidez, aceptación, justicia, libertad, misericordia)
. Para un creyente, los objetivos principales son amar a Dios y a los demás y que los demás lo conozcan y hagan lo propio. Los objetivos terrenales (tener una familia, un status social, ser gobierno) son secundarios, y no deben oponerse ni entorpecer al principal.

Considero que los creyentes debemos tener siempre presente que Dios no necesita de nosotros para beneficiar a los demás, porque es todopoderoso. Cuando beneficiamos a los demás, nos beneficiamos a nosotros mismos, y si no lo hacemos nos perjudicamos nosotros. Dios les compensará los perjuicios que le ocasionemos y los terminará beneficiando a través de otros. Dios sería ingenuo si hiciera depender la felicidad de los demás de un solo grupo de personas.

Lo expuesto me explica el porqué de la diversidad de religiones y creencias, es decir la gran cantidad de caminos que conducen a Dios. Como manifestaba Gandhi, tantos como seres humanos.

Miguel Ángel Bustos

Miguel Ángel Bustos es Ingeniero Químico, Inspector de Seguridad Nuclear y miembro de la Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte de la Coalición Cívica (bustosma@yahoo.
com).

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martes, 23 de junio de 2009

Martes 23 de junio

Cómo participar en política

Muchas veces nos preguntamos: ¿Cómo tenemos que participar en política los que tenemos una fe que nos impone un marco ético? Esta pregunta esconde la idea de que en política no hay lugar para la ética. Sin embargo, "lo político" es más bien una praxis, una forma de expresar nuestras ideas no sólo a través de las palabras sino, y sobre todo, a través de nuestras acciones. Son estas acciones las que revelan nuestras ideas, nuestra ética. Por eso, lo político, como cualquier quehacer humano, siempre incluye lo ético.

En el capítulo 12 de la Carta a los Romanos, encontramos algunas claves que nos ayudan a pensar nuestras prácticas. "No vivan como vive todo el mundo. Al contrario, cambien su manera de ser y de pensar" (v. 2): la acción que acompaña al pensamiento. No imitemos a "los otros", traigamos frescura y novedad, veamos a cada persona como ciudadano, reconozcamos su dignidad de ser humano, y no nos creamos mejores de lo que realmente somos (v. 3) ni nos creamos más inteligentes que los demás (v. 16).

El paradigma está expresado en el v. 9: "Amen a los demás con sinceridad. Rechacen todo lo que sea malo, y no se aparten de lo bueno". En el marco de la sociedad ¿qué es lo malo y qué es lo bueno? Esa respuesta, ¿tiene que ver con lo individual o con lo colectivo? ¿Podemos manejarnos con conceptos a priori o tenemos que contextualizar, investigar, aprender y reflexionar permanentemente?

Otro aspecto básico es tener conciencia de nuestras capacidades y posibilidades. Lo que podemos hacer, lo tenemos que hacer bien y no ser perezosos (v.11). Lo que tenemos que hacer no significa necesariamente lo que nos gusta, sino lo que tenemos capacidad para hacer. San Pablo plantea la imagen del cuerpo, de un organismo, donde cada uno hace un trabajo diferente y un órgano no es superior a otro, pero todos son necesarios para la vida. El mal funcionamiento de una parte afecta al resto.

Por último, San Pablo nos insta a no bajar los brazos: "No nos dejemos vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien" (v. 21). La transformación de la sociedad implica un trabajo, una actitud responsable, humilde, firme, rogando intensamente a Dios cada día, cada minuto, para que nos dé la fortaleza necesaria para ser coherentes con lo que Él nos enseña. Creo firmemente que el mayor desafío de los que creen está en la calle, y no en las iglesias.

Susana Somoza

La Dra. Susana Somoza es Bioquímica, Magíster en Salud Pública y profesora titular de Salud Pública en la Universidad Nacional de Formosa.

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lunes, 22 de junio de 2009

Lunes 22 de junio

Un espacio para construir una nueva nación

Durante mucho tiempo pareció que la fe y la política fueran antagónicas, que no fueran compatibles. Desde la secularización del poder (es decir la autonomía del poder político del poder religioso) hubo una tremenda separación entre ambas, generando un desencanto de la una por la otra. Esto generó un profundo desinterés por las situaciones vividas tanto de uno como del otro lado.

Sabemos, porque la historia lo demuestra, que el estado debe hacer su trabajo y la iglesia debe hacer el suyo, pero ¿quien dijo que deben ser opuestos? Parece que no pudiéramos mantener el equilibrio entre ambas relaciones.

Sabemos por la Palabra de Dios que la fe debería ser un factor de influencia en la sociedad. El Señor Jesús expresó que debemos ser sal y luz en la tierra. ¿Qué significará esto? Sin más ni menos, en una cuestión radicalmente de esencia y función. La fe es influencia y debe ser usada para influenciar.

Como creyentes, nuestra responsabilidad es ser un factor de cambio en medio de la sociedad en la que vivimos y en todos los ámbitos que la componen. Es decir, comienza en lo personal, sigue en lo familiar, lo social, lo económico, lo laboral o empresarial, lo profesional, lo artístico, lo cultural y, por qué no en lo político. Allí es donde se toman decisiones trascendentes de la organización y funcionamiento de una sociedad.

La política, en su definición más sencilla, es "el ejercicio del poder". En la actualidad, podemos entender este término como la actividad de quienes procuran obtener el poder, retenerlo o ejercitarlo con vistas a un fin. Debe tenerse presente que esta actividad es de carácter instrumental; desde una perspectiva moral, la política debe ser vista como una de las actividades más nobles del ser humano, ya que implica una labor de servicio hacia los demás, viéndolos como la generalidad o pueblo.

Es llamativo que por muchísimos años tal vez no vimos la necesidad o no comprendimos la importancia de ser influencia también en el ámbito político. Pensamos que tal vez nuestra responsabilidad era meramente orar por las autoridades gubernamentales, predicarles la fe y brindar asistencia en el trabajo social con los más necesitados, y nada más. Es verdad, se puede influenciar de forma externa, pero tal vez este tipo de influencia es un poco débil, poco penetrante y fugaz.

En este tiempo Dios está despertando una nueva generación de jóvenes, hombres y mujeres que se animan a una influencia mucho más profunda e intensa, y es la que sólo se puede dar de forma interna, metido dentro, siendo parte vital dentro de los fragmentos de la organización y estratificació
n de una sociedad. Claro que este tipo de influencia requiere perseverancia, compromiso, audacia y, sobre todo, una tenaz vocación cimentada en los valores de la fe.

Necesitamos comenzar a actuar y a trabajar en la construcción de un camino que nos lleve a concientizarnos de la necesidad y responsabilidad que tenemos como cristianos de influir en todos los ámbitos de nuestra sociedad; entre ellos, la política. En primera instancia, intentando detener la tendencia declinante que pone a la política en un constante camino descendente y luego, en una segunda instancia, edificando alternativas para la participación y conducción política desde los ámbitos de la fe. Este es el tiempo para comenzar con la construcción de una nueva Argentina.

Todas las fuerzas deben direccionarse a proporcionar propuestas para la formación de nuevas generaciones que aspiren a asumir el desafío de una transformació
n en la vida política de nuestra nación. No es tarea fácil, pero es totalmente posible.

Es necesario comprender que el secreto del éxito en materia política está en formar hombres y mujeres que tengan en un alto valor a la moral y a la ética como forma de vida. Es tiempo de asumir que, como personas que creemos en Dios y que tenemos un fuerte compromiso en materia social, también deberíamos velar por una acertada y más eficaz conducción política.

Con esta visión bien clara y pensando en la comisión dada por el Señor, es que hemos necesitamos trabajar juntos con el fin de convocar a todos los jóvenes, hombres y mujeres de virtud que se sienten movidos por un fuerte sentir de patriotismo y un fuerte compromiso social a sumarse a tomar un lugar protagónico en los asuntos de nivel de gestión y conducción política.

Si usted que lee estas líneas es una de estas personas que muchas veces ha sentido que es necesario un cambio, y que aguardaba la oportunidad para comenzar a trabajar en este desafío de transformació
n a nivel político, hoy es el tiempo, ésta es la oportunidad para comenzar a ser parte de la construcción una nueva Argentina.

Alejandro Quiroga

Alejandro Quiroga es pastor de la Iglesia Catedral de la Fe e integra la Mesa Interreligiosa Nacional de la Coalición Cívica.

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viernes, 19 de junio de 2009

Viernes 19 de junio

Reflexionemos y evaluemos

Se nos ha enseñado que: "El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes". Escoger quien nos represente no es una tarea sencilla. La calidad del sufragio incide directamente en la calidad de vida que tendremos. Necesitamos saber quiénes son ellos, qué es lo que proponen y ver si defenderán los intereses de los electores.

Tengamos cuidado con la propaganda engañosa. Los formadores de opinión, los constructores y vendedores de imagen tienen la habilidad, si de mal proceden, de "vendernos gato por liebre". Los candidatos puede ser un producto de los medios de comunicación que nada tiene que ver con lo que realmente son, hacen y harán. Puede haber un abismo entre lo que prometen y lo que cumplen.

Veamos a qué partido pertenecen, cuál es la filosofía que sostienen. Cuáles son las aptitudes personales, morales, éticas e intelectuales de las personas propuestas. Cuál es su historia familiar, su experiencia y capacidad para desempeñarse en el puesto que desean ocupar.

Entérese de los programas que ofrecen y vea si responden a los valores del evangelio del reino de Dios. Tenga cuidado con las influencias. Las encuestas marcan tendencias, pero no son una guía valedera para decidir el voto.

Por otro lado, y en estos tiempos, las alianzas son como los pies de la imagen que interpretó Daniel, el hierro y el barro: están juntos pero no se unen. Por eso "en parte son fuertes y en parte son frágiles". Estar juntos no es estar unidos.

Como cristianos se nos pide cambiar de vereda, de espectadores a protagonistas. El voto por sí solo no alcanza para cambiar una realidad. La oración y la acción deben ir juntas. Cuando ore, tenga en cuenta la fuerza de los débiles, para que Dios los guíe. A veces los que deciden quiénes saldrán electos son los millones de personas que carecen de educación, los indigentes, los desocupados; duele ver cómo se usa la pobreza como instrumento de dominación. E l "voto cautivo" corresponde a los estructuralmente carenciados que cambian el presente y futuro generacional por migajas.


Juan José Churruarin

Juan José Churrurarin es pastor de la Iglesia Congregación Cristiana de Goya, provincia de Corrientes.

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jueves, 18 de junio de 2009

Jueves 18 de junio

Por qué participo en política

En el Congreso Internacional sobre la Evangelización Mundial, celebrado en la ciudad suiza de Lausana en julio de 1974, cerca de 2700 líderes evangélicos representantes de 150 países se reunieron bajo la consigna "Que el mundo oiga la voz de Dios". Al cierre, suscribieron lo que se conoce como el Pacto de Lausana. En una de sus secciones declara que "la evangelización y la acción social y política son parte de nuestro deber cristiano".

Resulta claro que un genuino compromiso social cristiano abarca tanto el servicio social como la acción social, entendiéndose el primero como la asistencia a las necesidades humanas y el segundo, la eliminación de las causas de esa necesidad.

Es evidente –y en eso hemos fallado la mayoría de los creyentes– que hay casos en que las necesidades no pueden aliviarse si no es mediante la acción política. En ese sentido, debemos mirar más allá de los individuos a las estructuras, más allá de la rehabilitación de los presos a la reforma del sistema carcelario, más allá de la ayuda a los pobres a la transformación de los sistemas económicos y políticos.

¿Cuál es, entonces, el fundamento bíblico para la acción social y política? ¿Por qué deben participar los cristianos?

Para poder esbozar una respuesta, el reverendo John Stott recurre a varias doctrinas bíblicas. Para nuestra reflexión vamos a recurrir a dos de ellas que, en teoría, todos los cristianos aceptamos.

1) La doctrina de Dios

Primero, necesitamos una doctrina de Dios más completa. Pues tenemos la tendencia a olvidar que a Dios le interesa toda la humanidad y la vida humana en todas sus facetas. Este concepto tiene consecuencias importantes sobre nuestro pensamiento.

En primer lugar, Dios es el Dios de la naturaleza, además de ser el Dios de la religión. Dios creó el universo, lo sustenta y lo declaró "bueno" (Génesis 1:31). A Dios lo empequeñecemos cuando lo hacemos exclusivamente el Dios que está detrás de nuestra vida religiosa. Por supuesto que le interesa nuestra vida devocional, pero si se relaciona con toda la vida. Según la enseñanza de los profetas del Antiguo Testamento y Jesús, Dios cuestiona la religión si esta se reduce a cultos religiosos divorciados de la vida real, del servicio en amor y de la obediencia moral interior. "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre", dice Santiago 1:27, "es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo". Si lo que hacemos y decimos en nuestra vida religiosa, pública y privada no tiene una correspondencia con nuestra vida real, es pura hipocresía, que es la actitud que Dios más critica.

En segundo lugar, Dios es el Dios de la creación, además de ser el Dios del pacto. Los creyentes del Antiguo y del Nuevo Testamento hemos cometido el mismo error de reducir a Dios a una deidad local, como hizo el pueblo de Israel, o al Dios de la iglesia. Pero la Biblia comienza con las naciones, no con Abraham; con la creación, no con el pacto. Además, cuando Dios eligió al pueblo de Israel, no se olvidó de las otras naciones. Y aún más, prometió que, al bendecir a Abraham y a su descendencia, iba a bendecir a todas las familias de la tierra, y que un día restaurará aquello que la caída arruinó, restituyendo la perfección de todo lo creado.

En tercer lugar, Dios es el Dios de la justicia, además de ser el Dios de la justificación. Es el Dios salvador de los pecadores, pero también le importa que la vida comunitaria del creyente se caracterice por la justicia (Salmos 146:7-9). En los capítulos 1 y 2 del libro del profeta Amós, Dios dirige sus juicios primeramente a las naciones vecinas y luego a Judá e Israel, por su falta de justicia. Al Dios de la Biblia le interesa todo lo "sagrado" y lo "secular", no sólo la religión sino la naturaleza, no sólo el pueblo del pacto sino todos los pueblos, no sólo la justificación sino también la justicia social en toda comunidad. De manera que no debemos limitar sus intereses.

2) La doctrina del hombre

Cuanto más alto sea nuestro concepto del hombre, cuanto más alto sea el valor que le damos al ser humano, mayor será nuestro deseo de servirle. Los creyentes, a diferencia de los humanistas, tenemos una base más sólida para el servicio a nuestros semejantes. Los seres humanos son seres creados a la imagen de Dios, que por lo tanto poseen capacidades únicas que los distinguen del resto de la creación.

Esta criatura de semejanza divina no es sólo alma, para que nos ocupemos solamente de su vida espiritual, ni sólo cuerpo, para que atendamos sus necesidades físicas, ni sólo seres sociales, para que nos limitemos a asistirlos en sus problemas comunitarios. Desde una perspectiva bíblica comprenden estos tres aspectos, y es por eso que debemos prestar atención a la evangelización, a la asistencia y al desarrollo. (1)

En la base de cada uno de nuestros pensamientos y acciones subyace una teoría. Puede ser que no seamos conscientes de ello en cada caso, pero nada expresa más claramente nuestra escala de valores como nuestras acciones. Y salvo que tengamos personalidades divididas, debe haber una relación entre nuestros principios éticos y nuestros pensamientos; por ende, nuestra conducta moral.


Como creyentes, tenemos una base objetiva para nuestras normas éticas: la revelación de Dios. Creemos firmemente que Dios ha revelado quién es Él, quiénes somos los hombres y cuáles son las pautas para relacionarnos, no sólo con Dios sino también con los demás seres humanos. El sistema de valores del cristiano no surge a partir de especulaciones intelectuales o del pragmatismo circunstancial.

En este sentido, la acción política de los creyentes se concentra en lograr que, a través de la persuasión, la justicia de Dios sea una realidad en la tierra. Lo que Dios considera justo tiene implicancias directas sobre la acción política. Les toca a los creyentes guiar a la sociedad para que ésta tenga conceptos claros sobre lo que está bien o está mal. La justicia de Dios tiene que ver con la defensa de los derechos de los desposeídos, con el dictado de leyes que salvaguarden la dignidad del trabajo, con el manejo honesto de los fondos públicos, con el resguardo de la salud psicológica, física y espiritual de la población, con el mantenimiento de la paz y el respeto universal.

Por todo lo anterior es que considero que no hay "políticos creyentes" sino creyentes con vocación política.

Me resulta difícil pensar que podría "hacer" política, sin a la vez "hacer" religión. El creyente sólo puede reflejar su acción política, para que ésta sea coherente, a partir de sus principios éticos…

[extraído del artículo "Por qué participo en política" ]

Pedro Gilaberte

Pedro Gilaberte pertenece a la Mesa Interreligiosa del Conurbano Norte de la Coalición Cívica y es miembro de la Iglesia Bautista de San Isidro, al norte de la ciudad de Buenos Aires.


Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

miércoles, 17 de junio de 2009

Miércoles 17 de junio

Justicia y caridad

…La caridad es, dentro de la fe cristiana, una de las tres virtudes teologales. Es la forma en que traducimos del griego la palabra agape… una palabra infrecuente y descolorida entre los griegos que los cristianos tomaron del desván del idioma y le dieron un vigor y brillo extraordinario. Porque agape es el amor que nace de la voluntad y que se entrega generosamente sin esperar recompensa; es el amor que se da por entero sin que medie ningún interés…

Al lado de esta palabra brillante colocamos la palabra justicia. Otra palabra luminosa muchas veces empañada cuando se la confunde con venganza, revanchismo, desquite, represalia, escarmiento. La justicia es la sed constante del hombre en un mundo entristecido por la presencia constante del mal y la corrupción. Cuando esta sed desaparece, cuando el conformismo o el fatalismo nos hacen renunciar a la búsqueda de una justicia imparcial, el hombre se desnaturaliza…

Los sabios que indagaron sobre la importancia de la justicia llegaron a una conclusión que queda registrada en la Biblia en el libro de Proverbios: "La justicia engrandece a la nación; la corrupción es afrenta de las naciones" (Proverbios 14:34). También los profetas, en tiempos de declinación moral, hicieron de la justicia el tema central de su prédica como único camino para salir de la decadencia. Isaías les recuerda que "el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre" (Isaías 32:16).

Pero ¿qué es la justicia? ¿Cómo podemos definirla? … Cervantes, que conocía como pocos el alma humana, utiliza a su alter ego literario para resumir en pocas palabras los problemas que se le presentan al hombre cuando debe actuar como juez. Don Quijote aconseja a Sancho, flamante gobernador de la ínsula, sobre la administración de justicia y le dice:

Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre. (...) Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. (...) en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque, aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia.

Cervantes, como viejo cristiano, conocía la sentencia de la ley mosaica que dice: "No perviertan la justicia; no hagan ninguna diferencia entre unas personas y otras, ni se dejen sobornar, pues el soborno ciega los ojos de los sabios y pervierte las palabras de las personas justas" (Deuteronomio 16:20)…

¿Cómo relacionar justicia y caridad? Parecen virtudes paralelas, difíciles de conjugar. Jean Guitton, en sus agudas reflexiones sobre la justicia y la caridad, dice: "No hay que confundir justicia con caridad, pues, aunque se la recomienda, la caridad no es exigible, como la justicia, por la fuerza. Es su complemento, la humaniza. La práctica de la mera justicia no tiene ningún mérito. Pero la justicia es la condición necesaria para la caridad".

Luego Guitton elogia un fallo de la justicia francesa. Una mujer pobre había robado alimentos selectos para mimar a sus hijos a quien siempre tenía que alimentar con pastas. El tribunal la absolvió pero el Ministerio Público apeló la medida. Finalmente, la Corte la condenó a una pena ligera, pero en suspenso. Guitton comenta: "Buena manera de juzgar. La Corte aplicó la ley, es decir hizo justicia. Pero al dejar la pena en suspenso practicó la misericordia"…

A nosotros, los mortales, nos cuesta mucho conjugarlas. Afectados por el mal y la corrupción hemos bastardeado nuestro concepto de justicia. Platón dice en La República que la justicia armoniza todas las virtudes, y afirma: "La justicia es la virtud de la ciudad". Aristóteles la define como la virtud que gobierna las relaciones interpersonales en la sociedad y es reflejo de la armonía interior del hombre ejercitar la justicia.

De acuerdo al diagnóstico de los ilustres filósofos de la antigua Grecia las dificultades que nos aquejan a los argentinos con la justicia reflejan nuestro estado de desequilibrio interior y presagian un destino aciago. No se puede consagrar la impunidad o tolerar la corrupción y a la vez mantener la armonía del cuerpo social. Luis Thiers dice: "La injusticia es una madre jamás estéril, siempre produce hijos dignos de ella"…

El sabio Salomón en Eclesiastés observa: "También he visto que a gente malvada la alaban el día de su entierro; y en la ciudad donde cometió su maldad, nadie después lo recuerda. Y esto no tiene sentido, porque al no ejecutarse en seguida la sentencia para castigar la maldad, se provoca que el hombre sólo piense en hacer lo malo" (Eclesiastés 8:10-11).

Esta antigua radiografía de una sociedad decadente se ajusta tristemente a nuestra realidad… No se puede vivir sin justicia, por lo tanto hay que tener el valor de ejercerla. No se puede tolerar la impunidad, por lo tanto hay que tener el valor de extirparla. Y hay que hacerlo porque no se puede vivir con las heridas permanentemente abiertas, no podemos seguir atados al pasado y todos tenemos que abocarnos febrilmente a buscar la forma de hacerlas cicatrizar. Mientras esas heridas permanezcan abiertas no tendremos futuro. Hay que cicatrizarlas; es imprescindible.

Pero ¿cómo hacerlo? Soy consciente de que querer pararse en el medio es exponerse a ser victima de todas las iras. Pero quisiera por un momento hacer abstracción de las propias heridas en homenaje al tema que nos convoca. Porque intuyo que la clave está en que sepamos conjugar las dos palabras que nos convocan: justicia y caridad. El bálsamo que necesita nuestra sociedad está en que se cumpla con las demandas de una verdadera justicia no infectada por las ideologías y, si fuera posible y diera lugar, se practique una sincera caridad consensuada que surja de corazones serenos convencidos voluntariamente que no hay futuro si se sigue revolviendo el pasado.

Tengo debajo del mentón una ahora casi imperceptible cicatriz. Cuando apenas tenía cinco años caí de bruces y el filo de una baldosa me abrió un tajo que sangró profusamente. Durante varios días tuve que soportar el incómodo vendaje y luchar contra la tentación de tocar la herida. Finalmente se hizo la costra, me retiraron las vendas y aprendí a convivir con esa cicatriz que me acompaña hasta hoy. Cada vez que la veo esbozo una sonrisa recordando la caída, el pánico, el dolor, la sangre y el llanto. Pero el tiempo la transformó en un recuerdo que ya no duele.

Lo mismo me pasó con otras heridas, las del alma. Como a todos los mortales me tocaron recibir muchas y tuve que aprender a dejarlas cicatrizar, porque es preferible llevar una marca como recuerdo que soportar un permanente dolor. Guiado por el saber de los antiguos, ajenos a los dislates del psicoanálisis, no intenté reabrir continuamente las heridas ni revolver histéricamente el pasado. Tengo la lucidez necesaria como para saber que lo más importante es construir el futuro y me aboco a trabajar mirando hacia delante. Vendar en silencio las heridas del alma hace que el dolor se disuelva y deje paso al recuerdo.

Hoy puedo decir que allí están, forman parte de mi historia, ayer dolieron pero ya no duelen. Son cicatrices. ¿Por qué no las mantuve abiertas? Porque manteniendo heridas abiertas uno se hace esclavo del pasado y no se puede avanzar mirando hacia atrás.

Añoro que en nuestra tierra las heridas se cierren y quede siempre presente la cicatriz de la memoria, porque nunca es recomendable el olvido. Sueño que podamos legar a la generación que viene una Argentina luminosa donde la noche del pasado se sepulte para siempre. Anhelo, en definitiva, que se cumplan las palabras del salmista cuando dice:

La misericordia y la verdad se encontraron;
La justicia y la paz se besaron.
La verdad brotará de la tierra,
Y la justicia mirará desde los cielos
(Salmos 85:10-11)


Espero que esté cerca el día en que todos elevamos los ojos hacia el Supremo Juez del universo, comprendiendo que solo él, en quien se conjugan naturalmente la justicia y la caridad, puede darnos una respuesta definitiva para que la nueva generación avance en paz hacia un horizonte de esperanza.

[extraído del artículo "Justicia y caridad"]

Salvador Dellutri

Salvador Dellutri es pastor de la Iglesia de la Esperanza, en San Miguel, al noroeste de la Ciudad de Buenos Aires, conferencista y escritor.

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar

martes, 16 de junio de 2009

Martes 16 de junio

Fe y política: ¿quién debe nutrir a quién?

La relación entre la política y la religión –para ser más exactos, la relación entre los seres humanos que hacen política y los seres humanos que hacen religión– es el pulso que marcó el ritmo de la historia del ser humano desde que éste se organizó en su vida diaria y casi al mismo tiempo invocó a un protector y/o creador.

La tensión entre las necesidades de establecer prioridades éticas, morales, discursivas, materiales, de territorio y aquellas de origen espiritual generó una cantidad de conflictos tan grande que cuesta encontrar enfrentamientos desvinculados de estos temas.

Como hombres de fe que nos consideramos, y haciendo base en las Escrituras, nos parece oportuno desempolvar el olvidado libro de Levítico del Antiguo Testamento y afirmarnos en él, recordando que el mismo no caducó, que no fue declarado "out" por Jesús, y que además Él se encargó de aclarar que no venía a abolir la Ley, sino más bien a cumplirla. Hecha esta aclaración, encontramos el siguiente texto que nos parece revelador de cuál debe ser la relación entre las personas de fe y las personas de la política, en este caso, en su papel de gobernantes:

Si el que peca inadvertidamente es uno de los gobernantes, e incurre en algo que los mandamientos del Señor su Dios prohíben, será culpable. Cuando se le haga saber que ha cometido un pecado, llevará como ofrenda un macho cabrío sin defecto, pondrá la mano sobre la cabeza del macho cabrío, y lo degollará en presencia del Señor, en el mismo lugar donde se degüellan los animales para el holocausto. Es un sacrificio expiatorio. Entonces el sacerdote tomará con el dedo un poco de la sangre del sacrificio expiatorio y la untará en los cuernos del altar del holocausto, después de lo cual derramará al pie del altar del holocausto el resto de la sangre. Toda la grasa del animal la quemará en el altar, tal como se hace con el sacrificio de comunión. Así el sacerdote hará expiación por el pecado del gobernante, y su pecado le será perdonado (Levítico 4:22-26, énfasis agregado).

En este texto encontramos, a nuestro entender y hasta que nos demuestren otra cara de la verdad, algunas claves:

1. Son los gobernantes quienes deben acercarse a los sacerdotes, recurrir a ellos en busca de ayuda.

2. Las frases del versículo 23, "inadvertidamente" y "cuando se le haga saber", parecen indicar que no se espera que el gobernante se entere por sí mismo de sus errores. En otros párrafos del mismo libro se muestran varios casos de equivocaciones auto denunciadas.

3. Es el trabajo del sacerdote el que guía hacia el perdón del error.

Nos resulta interesante, aceptando este modelo como un interesante paradigma para resolver la relación entre políticos y religiosos, compararlo con el que se observa a la distancia en la Argentina de hoy.

Sobre el punto 1 podemos afirmar,con algo de vergüenza e indignación, que el movimiento que propone la Biblia se observa en general a la inversa. Debemos aclarar que para describir este paisaje no tomamos una única fotografía y que, en la suma de todas las que tenemos ante nuestros ojos, comentamos un promedio de ellas. Al mismo tiempo reconocemos que tienen mayor impacto aquellas que provienen de movimientos religiosos y políticos más masivos, y que creemos que por esa masividad tienen mayor impacto en nuestra realidad.

Este movimiento contrario al que propone el texto se observa en forma muy marcada y tiene algunos detalles a tener en cuenta.

  • En un partido del conurbano bonaerense, en su legislatura, han instalado una mesa atendida por pastores y/o sus representantes. En muchos casos, miembros de sus comunidades de fe, casualmente, tienen ayudas sociales especiales. Otros partidos, a partir de este modelo exitoso a la hora de los votos, imitaron la medida.
  • Un Jefe de Gobierno fue paseado por distintas iglesias en las semanas anteriores a la elección que lo depositó en su cargo y se generó un boca a boca que aseguraba que tal funcionario se había convertido a determinada religión y con esto arrastró una interesante cantidad de votos.

Evitamos otros comentarios, otros datos llamativos, porque a pesar de lo que no nos gusta a nosotros están predicando a Cristo (parafraseando a Pablo), pero nos parece muy importante diferenciar los VALORES DEL REINO por sobre los valores de cualquier país. Nos parece que lo que las personas de fe deben transmitir a la política son valores universales tendientes a la paz universal, el fin del hambre en todo el planeta, la justicia en cada rincón de cada país. Nos parece importante darle a esta tarea unas gotas de eternidad (parafraseando a un amigo) y universalidad; desde allí seguramente serán útiles a la Argentina, por ser útiles a lo general.

No es nuestra intención criticar estas decisiones pastorales, pero sí decimos que en ellas vemos a los sacerdotes acudiendo a los políticos o generando espacios en los que buscan abiertamente el voto de las personas de fe, con un argumento fatal: "Vótenme, porque soy de la religión de ustedes". Este mensaje subliminal no sólo es contrario al espíritu de la Biblia, sino que además es condenable desde el sentido común. Las personas deben ser votadas por su capacidad de trabajo, su honestidad, su ocupación por los desposeídos, sus estudios; en definitiva, por sus frutos visibles. Invitar a que alguien nos vote por ser de determinada religión supone afirmar que los miembros de esa fe son mejores, simplemente por pertenecer a ella. Y con esto solo, por lo menos a nosotros, nos quita las ganas de votarlos.

Por otro lado, el respaldo a políticas de gobierno desde los púlpitos, genera una inclinación al voto de aquellos que creen en lo que dicen sus líderes.

Creemos firmemente que las personas de fe deben intervenir en política; que sus valores religiosos pueden y deben transformar la triste realidad de las coimas, los subsidios fraguados, el asistencialismo, el clientelismo, "el chori y la Coca". Pero nos inclinamos a un modelo en el que esa persona de fe haga su carrera política sin chapear de qué religión es, como aval de que es bueno o será mejor que otro. Anhelamos personas de fe que caminen a la par de aquellos que no creen o no confiesan o no congregan, para que unos a otros se den lo bueno que tienen y se ayuden a descartar lo malo.

Tenemos fe que la cultura que viene del cielo se haga carne en este tiempo y no queremos observar más cómo aquellos que tenemos responsabilidades frente a la sociedad, en nuestra condición de sacerdotes, compramos a precio vil las costumbres más ateas y de alguna manera, filtramos esa filosofía hacia los cielos.

Andrés Eidelson

Andrés Eidelson es estudiante de teología en el Instituto Teológico FIET y miembro de la Iglesia Presbiteriana San Andrés en el barrio de Belgrano, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Fue uno de los creadores y conductor durante las primeras siete ediciones del programa "De espectadores a actores" .

Nota: Esta reflexión es un aporte al diálogo entre la fe y la política y no implica ninguna relación del autor con la Coalición Cívica. Para suscribirse al servicio gratuito de reflexiones diarias sobre la política desde la fe, envíe un mensaje en blanco a: elcorazondelapolitica-subscribe@gruposyahoo.com.ar